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ISBN 978-958-5445-95-6

Calles

Autor:Del Castillo Daza, Juan Carlos
Editorial:Taller de Edición Rocca S.A.S.
Materia:720 - Arquitectura
Clasificación Thema::AM - Arquitectura
Público objetivo:General / adultos
Colección:Cuadernos
Disponibilidad:Disponible
Estatus en catálogo:Próxima aparición
Publicado:2023-08-31
Número de edición:1
Número de páginas:58
Tamaño:14.7x20.7cm.
Precio:$45.000
Encuadernación:Tapa blanda o bolsillo
Soporte:Impreso
Idioma:Español

Reseña

Por mi formación y oficio la calle siempre ha llamado mi atención. Este es uno de los cuadernos con apuntes sobre ese artefacto singular.

Con el surco de la labranza y el canino de la andanza la calle da fé de esa maña del humano por marcar el territorio. Pero a diferencia de esas dos huellas la calle no solo es marca y cicatriz, sino un artefacto de la imaginería, la habilidad, el poder, la ambición y la capacidad de creación y destrucción de los humanos.

En mi sentir la calle es una biografía precisa de esos seres. Así la miro y la recorro. Así la apunto.

Por eso aprecio es a nota de Balzac en la Comedia Humana: «hay en parís calles deshonradas… y hay también calles nobles, calles simplemente honradas y calles jóvenes… y hay además calles asesinas, calles más viejas que viudas ajadas, calles estimables, calles siempre limpias, calles siempre sucias, calles obreras, trabajadoras, mercantiles. En una palabra, las calles de París tienen cualidades humanas y nos imponen con su fisionomía ciertas ideas contra las cuales no tenemos defensa».

Y W. Benjamin me auxilia para esquivar el estigma de que me pierdo en un balcón. «No orientarse en una ciudad no significa mucho. Pero perderse en una ciudad, como uno se pierde en un bosque, requiere cierta educación. Los nombres de las calles deben hablarle al vagabando urbano como el chasquido de las ramitas secas, y las callejuelas en el corazón de la ciudad deben reflejar las horas del día, para él, tan claramente como un valle de Montaña».

La marcha en la ciudad tiene muchas razones y motivos, desde el más elemental vagabundeo hasta la expedición enardecida en busca del soberano para cortarle la cabeza. También la marcha para buscar los orificios urbanos, o los objetos preciados, o las personas deseadas.

«a una cantina se llega caminando. Caminé desde la colonia Escandón a paso de huesos fuertes… llegué a la Mascota, en la calle Bolívar. Elegí una mesa y tomé asiento antes de que un mesero de aspecto funerario, el más viejo, y arrogante, me preguntara cuantas personas habrían de acompañarme».

«y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico».

«¡cuántas ciudades se me han revelado en las marchas que emprendí en busca de libros!».
y yo agrego: cuantas calles se me han revelado en las marchas que emprendÍ en busca de amores para aliviar mis soledades. Esos son mis dibujos.

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