Un actor se prepara
Autor: | Stanislavski, Constantin |
Colaboradores: | De Cervantes, Dagoberto (Traductor) Chávez Riaño, Iván Andrés (Coordinador Editorial) Víllora, Pedro (Prologuista) |
La publicación en Estados Unidos de Un actor se prepara (An Actor Prepares, 1936) fue un acontecimiento mundial que revolucionó la concepción de los estudios de interpretación al proponer un sistema que en ocasiones se ha entendido como un recetario, pese a las numerosas advertencias de Konstantín Stanislavski (1863-1938) en contra de esta visión reductora de su trabajo. Un actor se prepara no recoge todo el material elaborado por Stanislavski entre 1906 y 1936, sino una selección realizada por la traductora y editora, Elizabeth Reynolds Hapgood (1894-1974), cuyo esposo, el escritor y también editor Norman Hapgood (1868-1937) era desde 1914 uno de los principales valedores estadounidenses del Teatro de Arte de Moscú. Antes de fallecer en 1938, Stanislavski tendría aún tiempo de fijar una nueva versión de este libro, que aparecería en ruso tras su muerte y que se conoce en español como El trabajo del actor sobre sí mismo en el proceso creador de las vivencias. No obstante, la repercusión internacional correspondió a la versión de Hapgood, que sirvió de base para los acercamientos al sistema en el mundo anglosajón y además sería retraducida a numerosos idiomas, con Jean Vilar prologando la primera edición francesa de 1958.
Un actor se prepara es un libro que refuerza la importancia del trabajo previo del intérprete en los aspectos físicos pero sobre todo en los psíquicos y emocionales; no es en absoluto un manual donde encontrar respuestas a preguntas frecuentes sino una advertencia contra las soluciones fáciles y descontextualizadas; y no deja de ser una invitación a cuestionarnos como individuos, a reconocer nuestros deseos, sentimientos y pensamientos en lo que tengan de revelador pero también de contradictorio. Para Stanislavski, el sistema como tal no existe, o, más bien, no es sino la capacitación que nos da la naturaleza para ser creativos, y que coartamos cuando nos vemos obligados a crear ante otros: tendemos entonces a la falsedad, al exhibicionismo o a la convención. Hay que mostrarse, claro, porque el trabajo interpretativo no tiene sentido sin el espectador, pero procurando que reciba una impresión emocional y duradera antes que otra agitada y perecedera. Y por supuesto que hay quienes tienen un don especial, un talento que los conduce a grandes logros, pero Stanislavski avisa de que incluso esos se entrenan, y con mayor motivo deben hacerlo quienes, por tener menos genio, necesitan de mayor esfuerzo.
Del prólogo a este libro por Pedro Víllora