Laberintos y Laureles
Autor: | Angarita Castilla, Jesús Iván |
A pesar de que, se recurre modestamente a la mitología griega, el título se debe al reconocimiento y el amor a dos personitas, cuyos universos me los regaló con la ayuda del Todopoderoso, pero, que sus nombres estaban ya inscritos en el gran libro; desde antes que nacieran.
Al hacer público este poemario, quiero dejar atrás cualquier asomo infuloso y arrogante; sólo he tratado de escribir versos sobre lo que, mis ojos han recreado con el pasar de la vida. Sobre los momentos que la naturaleza regala; así sea con el desprendimiento de una hoja de árbol, la metamorfosis de mariposas, el escuchar en silencio los pasos de los cristalinos manantiales, el viaje presuroso de las neblinas cargadas de olor a campo y a flores. Lo anterior, es lo poco de lo mucho que, ofrecieron los elementos de la naturaleza fusionados en unos versos.
Debo hacer énfasis en que encontrarán sonatas con “músicas” que, cuales mensajeros recuentan las tristezas del alma, descontentos y enojos que, tanta gente es participe de ellos por el juego a la deshonestidad; cuando se les hace fácil atacar y destruir un corazón o un alma; no por completo, pero si en temporadas del tiempo que, por majaderos siguen y seguimos exponiéndonos al buscar la otra parte o el complemento de nuestra alma; sin tenerla partida y mucho menos destruida; pero, si con un dolor indecible… Esos caprichos como resultados, son de pronto, el cobro por no saber escoger a quien la temporada ha dejado frente a nuestro ser; sopesado con aquello del doble albedrio.
Entonces, dejo a vuestra consideración este tercer proyecto, el segundo en poseía para que el día en que estén menos enfadados, más relajados y menos cargados de rencor; Oteen y valoren estos ejercicios del género lírico y se retro trasladen a una isla cualquiera o inventada por ustedes para que hallen a alguien entregando un ovillo con la complicidad de que se convierta en matón de seres tarados y a otra que por temor a tener que someterse a un viejo caprichoso y acosador, se convierta en un árbol, que por más camuflado que esté; siempre el olor la delata. Todas estas pretensiones están sujetas a aquel día en que, estés dentro de ti y con tu alma similar al cristal del sol.
Pareciera entonces y a veces que, estuviésemos predispuestos para que se diga:” Esa poesía es bonita”, a sabiendas que se escribe porque obviamente pertenecemos a la raza humana – tristemente la más mala de la naturaleza – pero, que esa raza mala ha creado profesiones que la retroalimentan noblemente y han servido para dignificar la vida, no la raza. Para ello, se creó la poesía, lo que al parecer es lo único que nos mantiene vivos.