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ISBN 978-628-95261-2-7

Habilidades sociales básicas relacionadas en el comportamiento del cuidado desde el marco de la enfermería

Autor:Palomino Taquire, Rewards
Editorial:Editorial Navegante S.A.S
Materia:610 - Ciencias médicas Medicina
Clasificación Thema::MQCB - Investigación y teoría de la enfermería
Público objetivo:Profesional / académico
Disponibilidad:Disponible
Estatus en catálogo:Próxima aparición
Publicado:2022-09-22
Número de edición:1
Tamaño:3Mb
Precio:$45.000
Soporte:Digital
Formato:Pdf (.pdf)
Idioma:Español

Reseña

El tratamiento médico, desde los postulados de Hipócrates, tienen una distinción ética enfocada en el cuidado del paciente. El tratamiento de las dolencias o malestares físicos no es el único trabajo de los profesionales de la salud, sino que esta debe estar acompañada de prácticas de cuidado que apoyen a la persona a nivel emocional. Esto se debe a que, a pesar del conocimiento que se pueda tener sobre el funcionamiento del cuerpo, la persona enferma se encuentra en una posición de vulnerabilidad y zozobra que altera sus estabilidad mental y emocional, viendo afectadas también sus relaciones interpersonales. La salud generalizada de una persona debe ser pensada en razón de todas las dimensiones que confluyen en la formación de su identidad como ser racional, social y emocional. Así, pues, la enfermería, como profesión responsable de las prácticas de cuidado integradas en el en el sistema de salud, debe preocuparse por habilidades que superan las aptitudes técnicas y metodológicas tales como la comunicación asertiva, el respeto, la empatía, esto es: habilidades sociales (White y Grason, 2019). Las relaciones interpersonales que se establecen en la práctica diaria de los servicios de salud son determinantes para una eficiente recuperación del usuario al cual se le asiste hasta lograr su autonomía y apropiación de prácticas de autocuidado para su reintegración a su vida habitual (Giménez et al., 2019). En la atención hospitalaria, las habilidades sociales de los enfermeros y enfermeras generan la primera relación efectiva entre el personal médico y el usuario. La necesidad de la atención médica supone el depósito de confianza de la persona en las capacidades prácticas del quienes conforman la institución; sin embargo, esto no supone una pasividad total del paciente para recibir el tratamiento, emociones como la ira, irritación, tristeza, duda, entre otras, podrían causar un entorpecimiento en el tratamiento de los malestares (Vargas et al., 2020). En ese sentido, la inteligencia emocional y social de los enfermeros, principal línea para la interrelación humanizada con los usuarios, condiciona el ambiente en el centro médico (Martin y Kallmeyer, 2018); su trato directo y empático con la carga emocional e ideológica de cada persona determina, entonces, la funcionalidad de todo el sistema de salud de la institución. El cuidado tiene una base ética que no se supedita a la velocidad con la que se busca atender a un mayor número de personas; es decir, mayor cantidad de pacientes no significa menos calidad de atención. En momentos críticos como la actual crisis sanitaria causada por la COVID-19, el colectivo se encuentra en zozobra constante y hay una situación de pánico generalizado (Ramírez et al., 2020, Valero et al., 2020); la vuelta a la tranquilidad, si bien depende mucho de las capacidades técnicas para asegurar la salud de las personas, requiere en gran medida de las habilidades sociales del cuerpo médico y, en específico, de los enfermeros y enfermeras. El cansancio emocional y la irritación generalizada por la incertidumbre son también problemáticas por las que el sistema de salud debe preocuparse. La formación de los profesionales en enfermería debe capacitarlos para un acompañamiento eficaz del paciente no es solo el portador de una enfermedad o una condición médica específica, sino que es un ser que piensa y siente de una manera específica. La adaptación del discurso y la comprensión de las preocupaciones de cada individuo es una tarea para la cual la enfermería ha sido pensada. El autocuidado como finalidad de las prácticas de cuidado es posible en tanto el personal de enfermería logre una relación eficaz con el usuario.

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