Un lugar para morir solo
| Autor: | Giraldo, Chevick |
| Colaboradores: | Meza Castro, Diego Andrés (Diseñador) Galvis Malagón, Orlando (Editor Literario) Vallejo Tenorio, Antonio José (Coordinador Editorial) |
El día que nació Nahuel Pia Epinayu en el pueblo del Prensil una lluvia de estrellas alumbraba el firmamento, y el río Ata con sus espumas blancas cubría las copas de los árboles y los peces saltaban sobre las barandas del puente de alegría. Hoy que el pájaro negro de alas grandes se sostiene en el aire, ese mismo firmamento ya no era el mismo, estaba totalmente cubierto de una nube gris que no dejaba ver aquella estrella grande con quien su madre le contaba sus historias de vida mientras tejía los años viejos. El pueblo que lo vio creer y jugar con globos imaginarios por las dos calles estrechas del Prensil eran cenizas; era un pueblo comido por la soledad reinante donde las voces de los muertos seguían prendidas en su memoria vieja como piedras calientes haciéndole daño, queriéndole decir que no había otro camino que dejarse llevar al lugar donde el pájaro también los había llevado. Cuando el pájaro voló las nubes grises entraron al lugar, minutos después las hojas del árbol de ceiba se negaron a caer al río Ata por temor que los ojos abiertos de los muertos las consumiera en el frío y escueto silencio de la muerte.