Introducción al derecho penal
| Autor: | Pérez Pinzón, Álvaro Orlando |
El mundo actual se caracteriza fundamentalmente por la coexistencia, la simultaneidad, de una gran cantidad de fenómenos, problemas y perplejidades.
La principal acepción de fenómeno indica que es algo extraordinario, sor-prendente, fuera de lo común, de lo ordinario. Problema es propuesta, cuestión, duda, enigma, incógnita y hasta misterio. Perplejidad es embrollo, entrelazamiento, sinuosidad, vacilación, incertidumbre, fluctuación, irresolución, confusión, asombro, turbación y desconcierto. Ese es el orbe hoy: muchos fenómenos, pro-blemas, perplejidades y, ante todo eso, bastantes interrogantes, proposiciones, respuestas, orientaciones y desorientaciones.
En este preámbulo queremos presentar algunos de los fenómenos, proble-mas y perplejidades que caracterizan el mundo de nuestros días, no porque hasta ahora surjan sino porque sobre todo en estos tiempos penetran hondamente todas las ciencias y disciplinas, incluidas las consideraciones de contenido penal. Expresado de otra manera, ya no es posible laborar el derecho penal al estilo más tradicional, es decir, como un algo alejado del cosmos, de sus inconvenientes y contradicciones. Es menester insertarlo en la realidad.
Simplemente indicamos algunas vivencias, dificultades y líos que afectan el mundo de hoy y, desde luego, al derecho penal. No pretendemos resolverlos, entre otras cosas porque parece imposible. Intentamos sí, en los capítulos siguientes, mirar el derecho penal inmerso en la gran conflictividad social, política y cultural de nuestros días. Apenas señalamos algo de lo que sucede en el mundo actual. Sin escribir con espíritu profundo, globalización equivale a generalización, mun-
dialización y universalización. Es la traslación, por sugerencia, recomendación o imposición, de teorías, planteamientos, ideas y principios económicos, políticos, morales y jurídicos, desde una parte del mundo, normalmente fuerte, hasta otra, frecuentemente débil.
Sobre este fenómeno se han dicho muchas cosas, como las siguientes:
i. Pretende eliminar las trabas constituidas por un Estado nacional y, por tanto, restar poder a las políticas de éste.
ii. Hace surgir o conducir a la renacionalización y, por ende, puede llevar a la desnacionalización y, quizás, a la transnacionalización.
iii. Si bien puede revalorizar las culturas locales, con su transnacionalización coloca por sobre ellas, en primer plano, terceras culturas.
iv. Restringe y termina con las vivencias en los espacios cerrados y delimitados de los Estados nacionales pues poco a poco se van perdiendo las fronteras del quehacer
cotidiano, desde todo punto de vista. Por ello, “la globalización
significa la muerte del apartamiento, el vernos inmersos en formas
de vida
transnacionales a menudo no queridas
o incomprendidas”1.
v. Lleva hacia la sociedad abierta, hacia
la aceptación del riesgo y, en el
ámbito que nos convoca, al derecho estatal “relevado,
suplido y suplantado”2.
vi. Genera nuevas presiones a las autonomías
locales,
al punto en que la
nación se hace no sólo demasiado
pequeña para solucionar los grandes problemas,
sino también demasiado
grande para arreglar los pequeños3.
vii. El derecho global, antes que garantizar
el orden
y la previsibilidad,
parece secundar
un nuevo sistema
fundado en el riesgo y en la incertidumbre.
viii. Las inclinaciones e incursiones de las personas
en las normativas transnacionales
generan debilidad de los sistemas de control social tradicionales, lo
cual trae como consecuencia que las reglas de éstos se hagan mutables e inestables
y se confundan lo público y lo privado.
ix. Trata de imponer un derecho fundamentalmente
oral, privado, confeccionado
más por el juez que por el legislador y, sobre todo, eficiente4.
x. Crea más diferencias, entre otras razones
porque aquello que aparece
como gran conquista de la globalización para algunos,
para otros representa
reducción
de la dimensión local. Si para unos la globalización
señala nuevas libertades,
para otros aparece, desde arriba, como un destino
no querido y cruel.
xi. Ser local, nacional o regional, en un mundo globalizado, es señal de inferioridad
y de degradación social. Por ello la segregación, la separación y la
exclusión espaciales son parte de los procesos de globalización5