Conexiones sur-sur: las políticas exteriores de América Latina y el Caribe hacia África
| Colaboradores: | Delgado Caicedo, Jerónimo (Editor Literario) Perazzo, Silvia Alejandra (Editor Literario) Rodríguez Añuez, Myrna (Editor Literario) Ziebell De Oliveira, Guilherme (Editor Literario) |
En los últimos treinta años, las relaciones internacionales han experimentado
importantes transformaciones. Hechos tan diversos como el ingreso
de China en la Organización Mundial del Comercio (omc), los atentados
del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center, las guerras de
Estados Unidos en Afganistán e Irak o la crisis de las hipotecas de 2008,
han dado muestras de la reorganización del orden internacional. La idea
gestada tras el final de la Guerra Fría de un mundo unipolar, donde una
única potencia pudiera dictar el pulso para el funcionamiento de las relaciones
internacionales ha perdido fuerza. No solo los sucesivos fracasos
militares estadounidenses –ejemplificados, entre otros, por la desastrosa
actuación en Irak con su consecuente ola de inestabilidad regional, y el
fracaso de la lucha contra los talibanes en Afganistán–, sino también los
desafíos en la dimensión económica fruto tanto de las opciones políticas
de Estados Unidos como del auge de la economía china –que se hicieron
evidentes con la crisis financiera internacional de 2008 y la competencia
por el 5G– han sido importantes catalizadores de esta transformación.
Este proceso de debilitamiento de la posición estadounidense ha sido
acompañado de la progresiva y constante proyección de potencias emergentes,
conocidas hoy como el Sur global. La formación de los bric en
la primera década del siglo xxi fue posiblemente la primera expresión
clara de esta dinámica. En el momento de su creación, el acrónimo hacía
referencia a Brasil, Rusia, India y China, países considerados economías
en ascenso, con una proyección significativa en la primera década de los
2000. Aunque no fue político en sus inicios, el acrónimo sirvió de plataforma
para un acercamiento de esta naturaleza entre estos Estados que
finalmente culminó con la formalización del Grupo en 2009. Para ello
fue fundamental la crisis financiera de 2008, cuyo epicentro fueron las
economías estadounidense y europea, que empezaron a demandar que los
bric asumieran un papel más activo en la estabilización de la crisis global,
incluyendo el aporte de recursos financieros.
Aunque acordaron comprometerse más activamente a estabilizar la
economía mundial, los miembros del Grupo exigieron una mayor participación
en las estructuras de poder mundiales, especialmente en las
financieras, como el Fondo Monetario Internacional (fmi) y el Banco
Mundial. En el mismo contexto, Sudáfrica fue invitada a unirse al Grupo,
que pasó entonces a denominarse brics en 2011. Con la nueva incorporación,
no solo aumentó la representatividad del grupo –que ahora estaba
integrado por miembros de todos los continentes del Sur global–, sino
que también se reconoció la creciente relevancia del continente africano
en las relaciones internacionales. Fortalecidos y con mayor alcance, los
brics potenciaron al G20 como foro legítimo para debatir el rumbo de la
economía mundial, argumentando que el G7 –formado exclusivamente por
potencias del Norte global– ya no gozaba de legitimidad para hacerlo. Si,
por un lado, estas dinámicas han contribuido a reforzar el protagonismo
de los brics –hoy con muchos más representantes de los países del Sur–,
por otro, también han sido simultáneamente causa y consecuencia del
fortalecimiento de varios países del Sur global, así como de los vínculos
entre ellos.