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ISBN 978-628-02-0239-6

Se Me Olvido El Nombre

Autor:Sotomayor Herazo, Aristides
Editorial:Sotomayor Herazo, Aristides
Materia:0 - Generalidades
Clasificación Thema::DNB - Biografía: general
5AZ - Contenido adaptado o adecuado para lectores con dificultades o disfunciones de comunicación o aprendizaje
Público objetivo:General / adultos
Disponibilidad:Disponible
Estatus en catálogo:Próxima aparición
Publicado:2025-08-29
Número de edición:1
Número de páginas:162
Tamaño:14x12cm.
Precio:$40.000
Encuadernación:Tapa blanda o bolsillo
Soporte:Impreso
Idioma:Español / Castellano

Reseña

La enfermedad de Alzheimer fue descrita por primera vez en el mil novecientos seis (1906) por el neuropsiquiatra alemán Dr. Alois Alzheimer, quien se dio cuenta de que una paciente suya, su ama de casa señora Auguste Deter, de cincuenta años de edad, presentaba síntomas poco usuales. Tenía pérdida de la memoria reciente o de corto plazo, desorientación, cambios en el comportamiento, alucinaciones auditivas, dificultad para concentrarse y otras alteraciones mentales que se fueron incrementando con el transcurrir del tiempo.
A esta enfermedad él la llamó “enfermedad del olvido”, y le hizo seguimiento a la señora Auguste hasta cinco años más tarde; pero su curiosidad científica lo llevó a seguirla estudiando hasta después de la muerte. En su cerebro encontró cambios inusuales para su edad, tales como reducción del tamaño del cerebro o, desde el punto de vista científico, una marcada atrofia cerebral. Esto le indicaba que había tenido pérdida gradual de sus neuronas y las conexiones entre ellas (sus sinapsis), lo cual resultó en una disminución del volumen del cerebro, cambios que no son usuales a una edad tan temprana como la que tenía la señora Auguste.
Al revisar el tejido cerebral en el microscopio, encontró que el líquido celular de estas neuronas no era claro como el de otros pacientes, sino grumoso como leche cortada. A estas placas las llamó placas amiloides, dándose cuenta de que interferían en la sinapsis o comunicación entre estas células.
Estas placas amiloides estaban conformadas por las mismas proteínas que producían las neuronas para su subsistencia. Encontró también que, además de estas placas amiloides en el tejido cerebral, las neuronas tenían en su interior unos enrollamientos que llamó ovillos neurofibrilares, producidos por la degeneración de otra proteína importante para el metabolismo y la supervivencia de las neuronas que se llama la proteína TAU.
Todo esto lo hizo concluir que los trastornos de la memoria de la señora Augusta eran debidos a una alteración o degeneración de las proteínas que producían sus neuronas, tanto las del parénquima o tejido cerebral en general como las del interior de estas. Desde ese momento hasta el día de hoy no se sabe a ciencia cierta a qué se debe que se altere la estructura de estas proteínas y que se presenten los numerosos síntomas y signos de la enfermedad de Alzheimer. El nombre de esta entidad le fue cambiado de la enfermedad del olvido a la enfermedad de Alzheimer por el psiquiatra, también alemán, Dr. Emil Kraepelin, en honor al Dr. Alois Alzheimer, que fue el primero que describió la enfermedad.
Desde esa época hasta acá, o sea, más de un siglo, el Alzheimer se ha presentado en todo el mundo. Y a pesar de los millones de habitantes afectados, no se ha podido encontrar todavía cuáles son las causas de esta nefasta enfermedad ni cuál es el tratamiento adecuado.
Las teorías sobre las posibles causas de esta enfermedad son tan variadas, que se considera que los factores de riesgo de esta son los mismos que los que hacen que aparezcan las enfermedades cardiocerebrovasculares (infarto y trombosis).
Otra teoría que tiene lógica es que el envejecimiento reduce el riego sanguíneo cerebral, disminuyendo la actividad y la supervivencia de las neuronas. Se cree que muchos otros factores son importantes y contribuyentes a sus causas, tales como el hecho de que afecte el doble a las mujeres después de la menopausia que a los hombres, insinuando que los estrógenos son un factor protector para la presencia de esta.
Para mí, y de acuerdo con los protagonistas de esta novela, me da la impresión de que la proporción es igual. Puesto que hice el seguimiento de muchos de mis pacientes, y en mi experiencia no parece estar desfasado, aunque hay que tener en cuenta que los datos amparados por los ensayos clínicos en la literatura confirman que sigue siendo el doble en las mujeres que en los hombres.

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